{"id":921,"date":"2024-09-22T03:22:06","date_gmt":"2024-09-21T19:22:06","guid":{"rendered":"https:\/\/www.kafeizha.com\/?p=921"},"modified":"2024-09-22T03:22:06","modified_gmt":"2024-09-21T19:22:06","slug":"%e4%bb%96%e4%bb%ac%e6%9b%be%e6%89%bf%e8%af%ba%e4%b8%80%e4%bb%bd%e5%a4%a7%e9%a1%b9%e7%9b%ae%ef%bc%8c%e7%bb%93%e6%9e%9c%e5%8d%b4%e5%8f%98%e6%88%90%e4%ba%86%e4%b8%80%e4%b8%aa%e9%aa%97%e5%ad%90%e3%80%82","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/news.tomjun.com\/?p=921","title":{"rendered":"\u4ed6\u4eec\u66fe\u627f\u8bfa\u4e00\u4efd\u5927\u9879\u76ee\uff0c\u7ed3\u679c\u5374\u53d8\u6210\u4e86\u4e00\u4e2a\u9a97\u5b50\u3002"},"content":{"rendered":"<p><b>\u65b0\u95fb\u6765\u6e90\uff1a<\/b>www.nytimes.com<br \/> <b>\u539f\u6587\u5730\u5740\uff1a<\/b><font size=\"-1\"><a href=\"https:\/\/www.nytimes.com\/es\/2024\/09\/12\/espanol\/negocios\/estafas-ciberneticas-trafico.html target=\"_blank\">Le prometieron un gran trabajo. Luego lo convirtieron en un estafador<\/a><\/font><br \/> <b>\u65b0\u95fb\u65e5\u671f\uff1a<\/b>2024-09-12<\/p>\n<p> \u4ed6\u4eec\u66fe\u627f\u8bfa\u4e00\u4efd\u597d\u5dee\u4e8b\uff0c\u7ed3\u679c\u5374\u53d8\u6210\u4e86\u65e0\u5c3d\u7684\u5de5\u4f5c\u3002\u4ed6\u4eba\u6bcf\u5929\u8981\u5de5\u4f5c17\u4e2a\u5c0f\u65f6\uff0c\u4e00\u54687\u5929\uff0c\u4e0d\u77e5\u4f55\u65f6\u624d\u80fd\u8131\u8eab\u3002\u201c\u6211\u611f\u5230\u975e\u5e38\u6cae\u4e27\u201d\uff0c\u4ed6\u8bf4\u3002<\/p>\n<p>\u4ed6\u5728\u88ab\u62d8\u7559\u4e86\u4e09\u4e2a\u6708\u540e\u7ec8\u4e8e\u56de\u5230\u4e86\u5bb6\u4e61\uff0c\u5e76\u4e14\u53e3\u888b\u91cc\u53ea\u5269\u4e0b\u4e0d\u523015\u7f8e\u5143\u3002 <\/p>\n<hr>\n<p> <b>\u539f\u6587\u6458\u8981\uff1a<\/b><\/p>\n<p> [Estamos en WhatsApp. Empieza a seguirnos ahora]Los estafadores de internet roban miles de millones a los estadounidenses cada a\u00f1o. En una sala de trabajo del sudeste asi\u00e1tico, donde decenas de estafadores buscaban nuevas v\u00edctimas en aplicaciones de citas, se escuchaba un tambor gigante y cantos cada vez que lograban que alguien les enviara dinero mediante enga\u00f1os.\u201cCelebraban a lo grande\u201d, coment\u00f3 Jalil Muyeke, un hombre de 32 a\u00f1os originario de Uganda, testigo de las celebraciones desde el interior de un complejo en Birmania.Muyeke tambi\u00e9n fue v\u00edctima. Pero aunque los autores intelectuales no le vaciaron la cuenta bancaria, s\u00ed le robaron siete meses de su vida, oblig\u00e1ndolo a trabajar en sus fraudes.Cientos de miles de personas han ca\u00eddo en las redes de la estafa. En el caso de Muyeke, cay\u00f3 en la trampa a trav\u00e9s de una prometedora oportunidad de trabajo. Tras un angustioso viaje de miles de kil\u00f3metros, qued\u00f3 atrapado en uno de los cientos de complejos del sudeste asi\u00e1tico, a menudo controlados por redes chinas de delincuencia organizada e instalados para estafas a escala industrial.Estas granjas de fraude \u2014algunas de las cuales son casinos reconvertidos que cerraron durante los confinamientos por la pandemia\u2014 suelen tener como personal a trabajadores que son v\u00edctimas de trata y que realizan sus labores bajo amenaza de fuertes golpizas, descargas el\u00e9ctricas o cosas peores.\u201cEl fraude cibern\u00e9tico perpetrado por poderosas redes delictivas transnacionales se ha convertido en una floreciente industria il\u00edcita de miles de millones de d\u00f3lares que supera ya el PBI de varios pa\u00edses del sudeste asi\u00e1tico juntos\u201d, afirm\u00f3 John Wojcik, analista regional de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC, por su sigla en ingl\u00e9s).Los captores de Muyeke se especializaban en estafas conocidas como \u201cpig butchering\u201d (o estafa de matanza de cerdo), un fraude que dura cierto tiempo en el que los estafadores se ganan la confianza de una persona simulando un romance o una amistad incipiente (el engorde de un cerdo), antes de estafar a la v\u00edctima (la matanza). Poco a poco convencen a la v\u00edctima de invertir (en criptomonedas, por ejemplo) y luego sugieren enviar dinero a una aplicaci\u00f3n que parece leg\u00edtima.Una vez que las v\u00edctimas env\u00edan el dinero, su inversi\u00f3n parece crecer, lo que las alienta a enviar m\u00e1s fondos. Pero no pueden retirar el dinero\u2026 porque se encuentra en una cuenta que controla el estafador.Las v\u00edctimas se quedan devastadas financiera y emocionalmente, pero lo mismo sucede con muchos de los estafadores. Esta es la historia de Muyeke; el Times se puso en contacto con \u00e9l a trav\u00e9s de Humanity Research Consultancy, que estudia la esclavitud moderna.El verano pasado, un viejo amigo de la escuela le habl\u00f3 a Muyeke de un contrato de seis meses en Bangkok para introducir datos y hacer promociones en internet. Su amigo le cont\u00f3 que la paga era de 2500 d\u00f3lares al mes, una suma tentadora para alguien ambicioso que viv\u00eda en uno de los pa\u00edses m\u00e1s pobres del mundo. \u00c9l y su novia esperaban un beb\u00e9 y la oportunidad parec\u00eda demasiado buena para dejarla pasar.\u201cPens\u00e9 que, si pod\u00eda ir a ganar dinero durante seis meses, no estar\u00eda presente en su nacimiento, pero volver\u00eda a tiempo para criarlo y darle un futuro mejor\u201d, relat\u00f3.Muyeke, hijo de maestros, trabajaba como supervisor de ventas de colchones en Kampala antes de irse a Bangkok, junto con otro recluta.Tras aterrizar, ya los esperaba un agente de polic\u00eda tailand\u00e9s que ya ten\u00eda sus fotos y sell\u00f3 sus pasaportes. Les indic\u00f3 la salida, donde los esperaba un ch\u00f3fer.De inmediato fue evidente que algo andaba mal.Con ayuda de una aplicaci\u00f3n de traducci\u00f3n, el ch\u00f3fer les dijo que el trayecto durar\u00eda una hora, pero Muyeke sab\u00eda que Bangkok estaba a unos minutos del aeropuerto. Atrapado en el asiento trasero sin servicio de telefon\u00eda celular, empez\u00f3 a entrar en p\u00e1nico.Los tres hombres viajaron durante otras ocho horas. Hacia medianoche, pararon en un restaurante y se dirigieron a un hotel. Muyeke arrastr\u00f3 la cama hasta la puerta y pas\u00f3 la noche en vela.La ma\u00f1ana siguiente, se dirigieron hacia el r\u00edo Moei, que divide Tailandia y Birmania. Un hombre tom\u00f3 sus maletas y las arroj\u00f3 a una canoa. Muyeke vio \u201cun edificio ruinoso\u201d al otro lado del agua y a hombres armados.\u201cEn ese momento, puedo decir que se me sali\u00f3 el alma del cuerpo\u201d, record\u00f3. \u201cEstaba muerto de miedo\u201d.Tras cruzar el r\u00edo, les dijeron que se subieran a otro veh\u00edculo. Hab\u00eda m\u00e1s hombres y m\u00e1s armas.Llevaron a Muyeke a un complejo conocido como Dong Feng. Una vez ah\u00ed, lo condujeron a una oficina, donde conoci\u00f3 a un hombre chino que parec\u00eda estar a cargo. Se sent\u00eda incre\u00edblemente tenso, pero respir\u00f3 un poco m\u00e1s tranquilo cuando se encontr\u00f3 con su reclutador ugand\u00e9s, que hac\u00eda las veces de traductor de la empresa.\u201cNadie te va a matar\u201d, record\u00f3 Muyeke que le dijo. \u201cNadie te va a extirpar los ri\u00f1ones\u201d.Muyeke firm\u00f3 bajo coerci\u00f3n un documento que dec\u00eda que hab\u00eda llegado a ese lugar por voluntad propia. A continuaci\u00f3n, le tomaron muestras de sangre \u2014seg\u00fan le dijeron, eran pruebas de VIH y otras enfermedades\u2014 y luego fueron a un mercado a comprar algunos productos b\u00e1sicos, entre ellos un colch\u00f3n de apenas un par de cent\u00edmetros de grosor y sandalias.\u201cHay toda una ciudad en esas paredes\u201d, coment\u00f3 Muyeke.Junto con su compa\u00f1ero de viaje, los condujeron a un dormitorio peque\u00f1o, con cuatro literas, que poco despu\u00e9s se llen\u00f3, a medida que el resto de sus ocupantes llegaron al terminar su turno laboral. Su reclutador era uno de ellos.\u201cLo siento mucho\u201d, record\u00f3 Muyeke que le dijo. \u201cHaremos algo de dinero y regresaremos\u201d.Muyeke estaba devastado.La ma\u00f1ana siguiente, llevaron a Muyeke a la oficina de otro supervisor y le dieron un contrato que no pudo leer, porque estaba en chino. Pero, seg\u00fan le dijeron, como hab\u00edan tenido que pagar los gastos de su viaje, le pagar\u00edan 400 d\u00f3lares mensuales, en lugar de los 2500 prometidos.Muyeke se resisti\u00f3 al principio, pero el traductor le hizo una advertencia. \u201cMe dice: \u2018Amigo m\u00edo, aqu\u00ed las cosas no son lo que parecen. Tienes que firmar. Si no, estos tipos te har\u00e1n cosas malas\u2019\u201d.El d\u00eda laboral de Muyeke iniciaba a las 8 p.m. , cuando muchas de las posibles v\u00edctimas al otro lado del mundo tomaban el caf\u00e9 de la ma\u00f1ana.Le dieron una computadora port\u00e1til y tres tel\u00e9fonos iPhone y le ordenaron descargar aplicaciones de citas y adoptar el personaje que aparec\u00eda en su perfil de citas: una atractiva dise\u00f1adora de modas que viv\u00eda en el barrio de Russian Hill de San Francisco, aficionada a las criptomonedas y que publicaba im\u00e1genes de s\u00ed misma en bonitos hoteles y hermosas playas.Se trataba del perfil t\u00edpico de las estafas rom\u00e1nticas y de confianza, que tan solo en 2023 les costaron a los estadounidenses unos 652 millones de d\u00f3lares, seg\u00fan el Centro de Denuncias de Delitos en Internet del FBI. Muchos m\u00e1s casos quedan sin denunciar.La mujer cuya fotograf\u00eda utilizaron para el personaje de la dise\u00f1adora de modas, originaria de Uzbekist\u00e1n, tambi\u00e9n fue atra\u00edda a la guarida del estafador a trav\u00e9s de una falsa oferta de trabajo. Conocida como \u201cla modelo\u201d al interior del complejo, estaba disponible para llamadas y videollamadas, y para m\u00e1s fotograf\u00edas.La misi\u00f3n de Muyeke consist\u00eda en contactar a hombres estadounidenses y canadienses, preferiblemente blancos y mayores de 40 a\u00f1os, ya que era probable que hubieran trabajado y ahorrado durante varios a\u00f1os.\u201cSiempre busc\u00e1bamos en los sitios de citas a personas que parec\u00edan tener la vida financiera resuelta\u201d, explic\u00f3.\u201cLa mayor\u00eda de nosotros lo hac\u00edamos porque quer\u00edamos sobrevivir all\u00ed\u201d, coment\u00f3 Muyeke. \u201cNunca quisimos estafar a nadie. Para m\u00ed, era como estar en prisi\u00f3n. Para poder salir de ah\u00ed, ten\u00eda que cumplir mi condena\u201d.Pero trabajaba turnos de 17 horas, siete d\u00edas a la semana, sin saber cu\u00e1ndo recuperar\u00eda su libertad.\u201cTe tienen ah\u00ed todo el tiempo que pueden. Hasta que dejas de ser productivo\u201d, afirm\u00f3.Al cabo de cuatro meses, Muyeke estaba agotado; incluso empez\u00f3 a advertir a las v\u00edctimas no caer en la estafa, mediante mensajes que borraba de inmediato.Sus supervisores lo castigaron por disminuir su productividad con cientos de flexiones, horas extra y carreras en el estacionamiento.Record\u00f3 que durante el quinto mes, su operaci\u00f3n \u2014y sus trabajadores\u2014 fueron vendidos a una empresa m\u00e1s estricta. Los nuevos jefes multaban a sus trabajadores por todo, incluido ir al ba\u00f1o y tardarse m\u00e1s de cinco minutos, record\u00f3 Muyeke. Un adolescente chino que conoc\u00eda fue torturado con tal brutalidad que regres\u00f3 sin u\u00f1as al lugar donde trabajaban.Desesperado, Muyeke les propuso un trato a sus captores: si lo dejaban ir, se llevar\u00eda a una compatriota enferma con \u00e9l, alivi\u00e1ndolos de esa carga.Para su sorpresa, aceptaron. Casi siete meses despu\u00e9s de su captura, fue liberado en febrero.Pero a\u00fan no era libre.Muyeke y dos mujeres fueron abandonados en una terminal de autobuses de Mae Sot, ciudad tailandesa fronteriza con Birmania, con visas expiradas y unos 810 d\u00f3lares. Era probable que las autoridades los consideraran delincuentes.Tras investigar un poco antes de su liberaci\u00f3n, Muyeke se puso en contacto con la Organizaci\u00f3n Internacional para las Migraciones, un grupo intergubernamental. Tras una angustiosa espera, la organizaci\u00f3n les sugiri\u00f3 un hotel donde estar\u00edan seguros.Aunque Tailandia cuenta con un procedimiento para ayudar a las v\u00edctimas, la investigaci\u00f3n puede tardar hasta dos meses en completarse y las experiencias de las v\u00edctimas dependen a menudo de quienes las tramitan y de los prejuicios que puedan albergar. La estafa en l\u00ednea, por ejemplo, no siempre se considera una forma de \u201cdelincuencia forzada\u201d, seg\u00fan Humanity Research Consultancy.\u201cLa carga de probar su inocencia recae en las v\u00edctimas\u201d, se\u00f1al\u00f3 Mina Chiang, directora de la consultor\u00eda.Muyeke dijo que, como era probable que no tuvieran pruebas suficientes para demostrar que hab\u00edan sido v\u00edctimas de trata y como no quer\u00edan arriesgarse a prolongar su estancia, les aconsejaron elegir otro camino.Se entregaron en la oficina de inmigraci\u00f3n, donde los funcionarios les dijeron que ve\u00edan casos similares a diario. Pasaron la noche en una celda y a la ma\u00f1ana siguiente comparecieron ante el tribunal: Muyeke dijo que a \u00e9l y a las dos mujeres les impusieron una multa de 44 d\u00f3lares a cada uno por quedarse m\u00e1s tiempo del permitido en sus visados.Pero no pudieron abordar el siguiente avi\u00f3n. Pasaron cerca de una semana encarcelados en un centro de detenci\u00f3n de Mae Sot, antes de ser trasladados a otro de Bangkok, donde Muyeke fue separado de las mujeres y se le neg\u00f3 el acceso a su tel\u00e9fono.Durmi\u00f3 en el suelo de su celda unas tres semanas m\u00e1s antes de que cambiara su suerte. La esposa de otro detenido le pas\u00f3 de contrabando un tel\u00e9fono, que Muyeke utiliz\u00f3 para ponerse en contacto con su hermano, con quien se hab\u00eda puesto en contacto meses antes. Tras un mes detenido, ten\u00eda un boleto de avi\u00f3n para volver a casa.Mientras caminaba por el aeropuerto de Etiop\u00eda antes de tomar su vuelo de conexi\u00f3n a Kampala, se sinti\u00f3 embargado por la emoci\u00f3n.\u201cEntr\u00e9 al ba\u00f1o y llor\u00e9 casi una hora\u201d, dijo Muyeke.Aterriz\u00f3 en Kampala el 4 de abril, con menos de 15 d\u00f3lares en el bolsillo y tres meses despu\u00e9s del nacimiento de su hijo.\u201cEstar en casa y que alguien te mire, se pregunte qui\u00e9n eres y te sonr\u00eda t\u00edmidamente\u201d, dijo. \u201cFue incre\u00edble\u201d.<\/p>\n<div style=\"margin: 20px 0;\"><div class=\"qrcswholewtapper\" style=\"text-align:left;\"><div class=\"qrcprowrapper\"  id=\"qrcwraa2leds\"><div class=\"qrc_canvass\" id=\"qrc_cuttenpages_2\" style=\"display:inline-block\" data-text=\"https:\/\/news.tomjun.com\/?p=921\"><\/div><div><a download=\"\u4ed6\u4eec\u66fe\u627f\u8bfa\u4e00\u4efd\u5927\u9879\u76ee\uff0c\u7ed3\u679c\u5374\u53d8\u6210\u4e86\u4e00\u4e2a\u9a97\u5b50\u3002.png\" class=\"qrcdownloads\" id=\"worign\">\r\n           <button type=\"button\" style=\"min-width:200px;background:#44d813;color:#000;font-weight: 600;border: 1px solid #44d813;border-radius:20px;font-size:12px;padding: 6px 0;\" class=\"uqr_code_btn\">\u6587\u7ae0\u4e8c\u7ef4\u7801<\/button>\r\n           <\/a><\/div><\/div><\/div><\/div>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u65b0\u95fb\u6765\u6e90\uff1awww.nytimes.com \u539f\u6587\u5730\u5740\uff1a<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[104],"tags":[1598,1600,1599,1227,465],"class_list":["post-921","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-104","tag-1598","tag-1600","tag-1599","tag-1227","tag-465"],"aioseo_notices":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/news.tomjun.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/921","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/news.tomjun.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/news.tomjun.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/news.tomjun.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/news.tomjun.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=921"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/news.tomjun.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/921\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":922,"href":"https:\/\/news.tomjun.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/921\/revisions\/922"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/news.tomjun.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=921"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/news.tomjun.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=921"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/news.tomjun.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=921"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}